No estarás solo en la aventura (parte 2)

Eran casi las cuatro de la tarde.

Habíamos llegado al primer refugio.

Lo que encontramos fue una gran cabaña de piedra y leños.

Una chimenea humeante y en sus alrededores, tiendas de campaña.

A simple vista eran un poco más de 100 tiendas.

El grupo con el cual habíamos empatado amistad, se interno a la cabaña para comer algo y descansar para continuar con su travesía.

Mientras tanto, nos dispusimos a encontrar a nuestros amigos.

Comenzamos con las tiendas que se encontraban cerca.

La temperatura de lugar, debido a sus condiciones era mucho más baja, pues en este, se encontraba el lago, varios oyameles y pinos.

Tanto la temperatura como el cansancio, el hambre y la probabilidad casi nula de encontrar al grupo, nos hizo dejar de buscar en determinado momento.

No fue fácil tomar la decisión. Ya que sin el grupo y la tarde por caer, estaría en contra de las condiciones de la montaña.

Regresamos a la cabaña y solicitamos de inmediato algo para comer y un café.

Para entonces nuestro estado era intranquilo, anímico y tembloroso, pues solo pensábamos en todo lo que nos esperaba.

Nos acercamos con los que atendían y mantenían el espacio de la cabaña en condiciones.

El espacio contaba con una enorme estufa de leños y un par de hornos para calentar el lugar.

Preguntamos si había posibilidad de que uno se pudiera quedar en la cabaña; por lo que nos dijeron que no era conveniente, pues cuando se iban ellos apagaban los leños.

Por lo que pasar una noche sin equipo, era seguro pasar una noche en la que no se toleraría la baja temperatura a determinada hora de la madrugada.  

Esto y el darnos cuenta de que el grupo con el cual habíamos llegado, que para entonces ya no se encontraba en el lugar; la aventura se había convertido en un problema.

Teníamos que pensar rápido que hacer.

Nos acercamos al fogón que había en otra zona de la cabaña, pues la tensión y el frio habían colmado nuestro sistema hasta el punto extremo.

Nos sentamos y tratamos de analizar las opciones.

Siendo joven, no te limitas.

Ya que las alternativas estaban ahí.

Solo era cuestión de eliminar la pena o la idea de recibir un no por respuesta de alguno de los más de 100 campistas para dejarnos quedar en su tienda.

Las probabilidades de que alguien lo permitiera eran de 10.

Pero a esa edad no te permites quedar como un hazme reír, mucho menos a sufrir las consecuencias de malas decisiones.

En ese momento se acerco una persona, como de 1.80 de altura, delgado, su edad era de unos 37.

Traía un traje térmico y equipo muy espacial.

Bastones de escalar, una gran mochila, una diadema con luz y aditamentos.

Debido a la escena, nos interesamos por pedirle algún consejo, pues se veía con un control total de las condiciones del lugar.

Transmitía una sensación de experiencia y seguridad.

Se quito los guantes de muy buen pinta.

Se froto las manos en el fogón y en ese momento hicimos un poco de platica para empatar con la intuición.

No paso por nuestra mente que esta persona fuera un guía de alpinistas, solo imaginamos que era un explorador.

Ahora sabemos que ellos comprenden cuando alguien se encuentra en malas condiciones, pues se mostro inmediatamente interesado en estas.

Por lo que no tardo en buscar respuestas a nuestro situación en la montaña.

Nos entendimos de nuestro equipo.

Le dijimos que no veníamos preparados y le mencionamos los a detalle.

Ya con el desahogo y más relajados. Le pedimos nos brindara un consejo de que hacer en estos casos.

Nos dijo que había dos opciones o aventurarnos con el ha subir para hacer cumbre o jugárnosla en quedarnos en la cabaña, con la posibilidad de pasar una muy mala noche y la posibilidad de no aguantar las bajas temperaturas.

Preguntamos si no era necesario llevar equipo especial en la excursión.

Él dijo que traía equipo algún equipo extra por cualquier situación.

No se pensó dos veces y decidimos tomar la primera opción.

Fue un alivio, sin embargo, se nos hizo curioso el que nos dijera que en un par de horas saldríamos.

Ya para entonces eran las casi 7 de la tarde.

Por lo que entendimos que tomaríamos camino por la noche.

Y así, fue, caminar durante la noche lo más que soportáramos tanto en condición como en temperatura.

Ya para la media noche, decidimos acampar en un pequeño risco para cubrirnos de la escarcha y las posibles heladas, pues habíamos llagado a una altura en donde eran muy probables las lluvias frías.

Cenamos, hot dogs, café y galletas.

Contemplamos un poco el cielo estrellado y nos arropamos cada uno en su bolsa para dormitar.

Pasamos una mala noche, pues el frio fue crudo.

Siendo casi las siete a.m. fuimos los primeros en despertar.

El temperatura ya no era como la de las tres de la madrugada, pues fue la hora en la que nos quedamos dormidos por completo.

Salimos de la casa, estiramos piernas y nos abrigamos con la frazada que llevábamos.

El guía salió y me pidió que le apoyara en prender la fogata, nos disponíamos a preparar un desayuno, cuando escuchamos voces en la parte baja a un costado de donde nos habíamos instalado.

Por lo que decidimos ir a averiguar.

Y es que, una noche antes, nos habíamos percatado de luces de lámparas en nuestro camino.

De hecho, ese momento en el camino se vivió con algo de temor, ya que el guía comento de que hay ocasiones en las que surgen asaltos a los campistas, los despojan de sus pertenencias y en ocasiones termina mal el momento.

Sin embargo, nuestra sorpresa fue que estuvimos a un nivel arriba de un grupo de jóvenes.

Estos eran dos chicas y un chico.

Nos acercamos cautelosamente, para no causarles algún sobresalto, pues el lugar parecía un desierto, solo éramos nosotros y ellos.

Saludamos y nos recibieron super bien, muy normales, como si ya nos conocieran.

De inmediato nos hicimos de un par de preguntas, nombres y demás.

En tan solo minutos ya estábamos prendiendo la fogata para calentar café y desayunar todos juntos.

Y precisamente cuando estábamos a punto de poner el café, comenzó a caer escarcha.

Fue un momento muy especial, el lugar, las condiciones, los hechos extremos y sobre todo la buena vibra del nuevo grupo que habíamos hallado en aquel peñasco.  

Las decisiones a limite hicieron de las circunstancias una aventura que se quedara en la memoria.

Que dices, nos encontraremos en tu nueva aventura.

FIN.

Puntuación: 1 de 5.

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Publicado por Trascendentales

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