La competencia.

La adrenalina sacudió nuestros cuerpos y las emociones nuestro espíritu competitivo en esa mañana.

Se lograría la primera hazaña de nuestras vidas como líderes de esa tan esperada competencia.

Si quieres trascender y hacer historia tienes que prepararte y emprender en el juego de la vida.

Durante varias semanas nos estuvimos entrenando y acoplando con los talentos del grupo A. 

Acondicionamiento, táctica, práctica, competencia y comunicación en todo momento. 

Ya sea para concordar con los capitanes y con las posiciones de derecha e izquierda. (alas, postes y centros) 

Nos encontrábamos en la plena juventud y, tanto las energías como las ideas fluían como olas cabalgando sobre la cancha de juego. 

Vectores (líneas), entradas y salidas, soportes, retrocesos, pivotes, asistencias.  

Se configuraban tiros, pases, fantasía, risas y sudor. 

Todo esto se mezclaba en cada práctica.

El día de la selección llegó y todo el equipo estaba listo para crear el dream team oficial.

En aquel entonces éramos fieles admiradores de los Bulls de Chicago y por supuesto de ese gran jugador que sigue haciendo historia. 

  1. Tony Kukoc  
  2. Steve Kart 
  3. Socottie Pipen
  4. Dennis Rodma
  5. Michael Jordan 

Un día antes de la competencia, nos mantuvimos atendiendo nuestras ganas con unos cuantos tiros en cancha durante el receso, visualizando todo lo que nos esperaría.

De joven no quieres dejar nada a la suerte y ordenas a detalle todo. 

El balón, la mochila, el pants y por supuesto el jersey de la suerte.

Durante la noche, las emociones hacían su trabajo pre competencia.

Somos de esas personas que nos exigimos más de lo normal cuando hay un compromiso de peso sobre nosotros y más cuando la experiencia es nueva. 

En esos momentos somos algo obsesivos y no queremos que las acciones se salgan de control.

Nuestra alarma se activó con dos horas de anticipación a la mañana siguiente. 

Como relojito nos despertamos sin ningún reproche, no como cuando las clases son la costumbre de la semana.

El lugar de partida fue de la institución. 

Dos equipo de baloncesto se irían a competir: el femenil y el varonil.

Nos enorgullece comentar que  las mujeres fueron un exponente competitivo y un gran apoyo en esa etapa.

Debido a esta condición nos apoyamos incondicionalmente tanto hombres como mujeres para todo tipo de situaciones, dentro y fuera de la cancha. 

Ocho de la mañana. 

Estábamos de camino al recinto deportivo.

Al llegar fue sorprendente la gran cantidad de autobuses que se hacían del lugar.

Pero lo que nos emocionó de sobremanera al entrar en las instalaciones del recinto, fue ver todo un despliegue de figuras talentosas, recibiendo los rayos del sol y lanzando sus primeros tiros.

Figuras atléticas, rostros nuevos, uniformes, profesores y profesoras de educación física aportando claridad a sus equipos.

Nuestro profesor y coach se sentía como en su casa, pues conocía a la gran mayoría de sus colegas.

Hubo saludos y uno que otro comentario retador por parte de los coaches. 

La competencia es un escenario en donde se juega el honor, sin embargo, se guarda respeto al contrincante. 

Fue excitante el arribo al ver todo el ambiente deportivo. 

Las mesa de registro con los árbitros que se encargaban de las permutas.

Las canchas que recibían a los primeros contrincantes del día.

Los vestidores que mantenían un flujo constante de talentos. 

Los enlaces de desconocidos que se hacían de nuevas amistades y una que otra mirada conquistadora que resultaba del emotivo momento.

En menos de una hora ya estaba pisando cancha el equipo femenil

 

Por lo que apoyamos durante unos minutos, esperando nuestra participación.

Y por fin llegó el momento. 

Al entrar a la cancha nos ordenamos en hacer lo que mejor sabemos.  

Fue formidable, porque jugamos y ganamos el primer juego.

En semifinales la intensidad estaba a flor de piel por lo que la competencia y la motivación hicieron lo que mejor saben hacer en conjunto en un equipo de talentos, llevarlos a la final. 

Aunque la labor fue ardua, se pasó a las finales.

Los nervios se hicieron notar en unos compañeros más que en otros debido a que ya estábamos a punto de hacer algo épico. 

Recordamos que el otro equipo contaba con dos talentos muy hábiles y realmente buenos.

Uno era su poste y el otro el centro. 

Con este último nos hicimos desde un inicio de una rivalidad compartida. 

Entendemos que la competitividad en ocasiones, pasa de disputarse el honor a disputar algo más. 

En nuestra rivalidad fue el buscar ser la estrella de la cancha y por supuesto del torneo. 

Pero esto, puede no ser lo mejor cuando hay un equipo, pues el individualismo resulta y lleva a perder más que la popularidad.

En fin,  

El juego se fue desarrollando entre choques fuertes y momentos de bulla.

Íbamos abajo con 4 puntos.  

Ya que nuestra ala derecha resulto lesionado en el ultimo cuarto.

Íbamos a necesitar un milagro. 

Literal.

Pero un tiro de tres de uno de nuestros talentos nos puso con la esperanza, por lo que solo quedaba hacer una canasta más para ganar.

La canasta no llegó, pero sí una falta en línea para dos tiros, la cual nos permitirá el triunfo. 

Teníamos el juego en nuestras manos.

Primer tiro, fallado.

El segundo nos pondría en tiros de desempate.

Balón en mano, pitido del árbitro, dos botes y lanzamos. 

Cuando todo termina, solo te queda el haber dado tu mejor esfuerzo.

Se escribe una historia, ya sea gloriosa o fallida. 

Una historia llena de experiencias, momentos, amigos, llantos o algarabía de haber conseguido todo.

Y el triunfo en esta ocasión sería para el otro equipo.  

El torneo concluyó en llantos y frustración de nuestra parte.

Nuestro consuelo fue haber recibido la mano de aquel contrincante, su experiencia, los aplausos de nuestros amigos y compañeros y haber sido buenos competidores. 

Sobre todo, ese comentario de parte del coach, al decirnos que nos consideraban para ser integrantes de la selección de zona. 

Pese a todo, la competencia aún sigue.

Tal vez leer el principio de la historia le caiga bien.

Temporada de puntos.

Puntuación: 1 de 5.

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Publicado por Trascendentales

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